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domingo, 29 de mayo de 2011

parte de diálogo obra literaria Salomé

Ah! Jokanaán, Jokanaán,
eras tan hermoso.

Tu cuerpo era
una columna de marfil
edificada sobre pies de plata.
Era un jardín lleno de palomas,
sembrado de lirios de plata.
Nada en el mundo
era tan blanco como tu cuerpo.
Nada en el mundo
era tan negro como tus cabellos.
En el mundo entero
nada era tan rojo como tu boca.
Tu voz olía como un incensario
y, cuando te miraba,
oía una música misteriosa.

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